Una historia común en la sexualidad del hombre

La situación se repite de forma constante. Mantiene una vida sexual normal y de repente empieza a tener pérdidas de erección y dificultades para mantener la erección. Esto que ahora lee y le parece lejano, es lo que le ocurre a muchísimos varones cuando se dan las circunstancias especiales que se irán exponiendo en los párrafos siguientes.

La sexualidad en el hombre

Este artículo no pretende ser una lección de sexología, el objetivo se vería plenamente cumplido si a través de él muchos hombres se identificasen con lo expuesto y les sirviese para comprender mejor su problema y por qué se produce.

En determinadas situaciones, a nuestro organismo le cuesta reaccionar de la forma que nosotros desearíamos. Por ejemplo, nos costaría reaccionar si se nos abalanzase un objeto encima de forma imprevista. Nuestro sistema nervioso se bloquea y es incapaz de reaccionar ante ese estrés inesperado.

Luis es un hombre joven de 32 años, atlético, deportista y sin ninguna enfermedad, que no consume tóxicos y bebedor moderado de fin de semana. Luis es atractivo, varonil y elegante. Suele inspirar confianza y resulta sensual para la mayoría de mujeres de su entorno.

Luis está felizmente casado y mantiene una actividad sexual normal con su pareja, unas tres veces por semana. En el trabajo, Luis comparte espacio y proyectos con diferentes compañeros en los que se encuentra Agatha. Mujer de 27 años, atractiva, esbelta, muy extrovertida, con personalidad fuerte y carácter dominante. Agatha supone para el grupo un punto de referencia por su presencia constante en todas las horas de trabajo. Agatha además de bellísima, es dulce, cautivadora y sensual. Viste de forma moderna con insinuación constante de su cuerpo, que explota de forma evidente, aunque con estilo.

Como es lógico e inevitable, el compartir tiempo y espacio durante periodos prolongados, así como la carga hormonal de ambos, hace que Luis empiece a mirar a Agatha con otros ojos diferentes a los de un mero compañero de trabajo. En su mente se entabla un dilema. Me encanta Agatha, pero también me encanta mi esposa y además no estaría bien. La lucha entre el hombre racional y el irracional ha empezado.

Pero antes de continuar, deberíamos hacer un repaso de tipo médico a la química hormonal que interviene en el proceso sexual masculino y femenino y ya que las hormonas y el comportamiento sexual están relacionados estrechamente, veamos cuáles son y que son las hormonas que intervienen en estos procesos.

De forma simple, diremos que las hormonas sexuales masculinas, son los andrógenos y las femeninas los estrógenos y progestágenos.

En el hombre la hormona que nos interesa fundamentalmente es la testosterona, la producen principalmente los testículos y las glándulas suprarrenales. Es la responsable en gran parte del desarrollo de la masa muscular, indirectamente a través de la dihidrotestosterona es la que distribuye el vello corporal y la que determina el tamaño y forma de los genitales. Es la que marca el instinto masculino, como la agresividad y otras conductas achacables al concepto masculino. Es la responsable de mantener la libido sexual o el apetito sexual.

Su falta o disminución puede deberse a varios factores y condicionan una situación conocida como síndrome de déficit de testosterona. Este síndrome como se le conoce actualmente ha variado de nombre en varias ocasiones a través de pocos años. Andropausia, Hipogonadismo de inicio tardío. En definitiva son lo mismo. El hecho es que su déficit produce una sintomatología como pérdida de actividad, de libido, debilidad, pérdida de fuerza muscular, retracción del pene y disminución del tamaño testicular, entre otros síntomas.

En el caso de la mujer, las hormonas de la feminidad serían los estrógenos, se producen en los ovarios y son las responsables de realizar los cambios a mujer durante la pubertad además de regular el ciclo menstrual. Sufre variaciones en su concentración en dependencia de la ovulación. A diferencia de la testosterona, no influye en la libido ni en el deseo sexual, pero son las que condicionan la lubrificación vaginal, el riego sanguíneo del clítoris y las que marcan la conducta femenina ante el comportamiento sexual de la mujer. La otra hormona femenina básica sería la progesterona, necesaria en la gestación o embarazo.

Luis, cada vez se siente más a gusto charlando con Agatha y compartiendo esos momentos de acercamiento que se producen en el trabajo. Empieza a tener ensoñaciones eróticas con ella, de forma cada vez más frecuente. Con ocasión de la convención anual de la Empresa, se realizó un viaje en el que se compartía hotel con todos los compañeros. Evidentemente Agatha y Luis, formaban parte de este viaje. La segunda noche después de la cena un grupo de compañeros, donde por supuesto se encontraban ambos, estaban tomando copas en la discoteca del Hotel. Ambos bailaban animados y cada vez las miradas que se entrecruzaban eran más y más sensuales. Comentarios al oído, picaras miradas. Interviene la dopamina, y he aquí que nuestro amigo Luis, empieza a olvidarse de casi todo excepto de Agatha. El lenguaje corporal es cada vez más intenso. Coqueteo, sonrisas extravagantes, aproximación de los cuerpos, gesticulaciones atrevidas. En fin esto me recuerda el juego de cortejo de los pájaros en la jungla.

Se hace tarde y los compañeros se van marchando. Agatha pregunta a Luis, si quiere tomar otra copa. Ya van varias, pero Luis, dice que si de forma instintiva y de forma casi ridícula para cualquiera excepto para Agatha, que también está excitada. Sentados ya en los sillones, continúan flirteando esta vez más próximos. Un roce de las manos intencionado o no, un cuchicheo en el oído rozando el pabellón auditivo. De pronto Agatha le propone a Luis tomar la última copa en su habitación. Luis a pesar de todo no lo esperaba o al menos no que viniera de parte de ella. Sintió una sensación rara, de inseguridad pero evidentemente dijo que sí.

En el ascensor Luis empezó a sentir una excitación importante, pero también dudas respecto a su actuación. Agatha era su compañera. Estaba felizmente casado, dudas que le molestan y le hacen sentir en ese momento en tensión. En el ascensor Agatha se aproxima a él y le besa con un fugaz beso pero una sonrisa llena de picaresca. La excitación de Luis aumenta a niveles importantes.

Entran en la habitación pero la mente de Luis no consigue eliminar esa tensión. Agatha, más atrevida, comienza a besar a Luis, que responde a los besos y caricias. Agatha ha comenzado a desnudarse mostrando un cuerpo esbelto y apetecible. Luis también se empieza a desnudar de forma precipitada y atropellada, excitado y en tensión, pero empieza a notar algo extraño, nota que no hay la erección que acostumbra a tener. Las caricias de Agatha se hacen cada vez más intensas y empiezan a producirse de forma descendente, pero encuentra algo flácido lo que le hace parar. Agatha, supera la sorpresa y continua con sus caricias llenas de pasión. Luis empieza a agobiarse y a preocuparse realmente por la falta de erección. Empiezan las preguntas en la mente de Luis. Inmerso en la relación y ante las caricias de Agatha, adquiere una cierta turgencia, pero que no le basta para penetrar. Comienza la sudoración y el esfuerzo que realiza le está resultando inútil. Se encuentra totalmente bloqueado. No entiende qué le está pasando, esta sudoroso, taquicárdico, taquipneico (hiperventila) y con tensión muscular. En estas condiciones por mucho que quiera intentarlo, será imposible conseguir una erección.

Luis se disculpó diciendo que no lo entendía, que nunca le había pasado, se sentía muy frustrado y terriblemente avergonzado. Dijo que posiblemente fue el alcohol que bebió, pero realmente la culpa no era del alcohol sino de su sistema nervioso. ¿Qué ha ocurrido? Ha habido una situación de bloqueo nervioso que ha impedido el llenado de los senos cavernosos y por lo tanto la erección. El sistema nervioso simpático es el que interviene en caso de estrés inesperado como en el caso de que nos ataque un loco en la calle y nos ponemos a correr sin pensarlo o el que nos hace saltar de golpe si un coche se sube a la acera y creemos que nos va a pillar. El corazón se acelera con un aumento importante de los latidos, los pulmones aumentan el número de respiraciones por minuto. Se produce una secreción importante de adrenalina, se libera gran cantidad de testosterona y de Cortisol, hay sudoración importante y hay un secuestro de sangre hacia el tejido muscular. El organismo debe responder a esta situación, por lo tanto bloquea todo lo que en ese momento no es de interés, como la digestión, la excreción y la erección.

Hay un bloqueo de los esfínteres que se cierran y de las arterias pequeñas como la cavernosa, que impiden que los senos cavernosos se llenen o al menos no con la presión necesaria para que la sangre no se escape. Cuando pase la amenaza actuará y tomará el control el sistema parasimpático que retornara a la normalidad las funciones fisiológicas normales. El peligro es que hay el riesgo de que esta situación vuelva a pasar siempre que nos encontremos ante la misma situación de peligro.

La historia debe tener otro final, así que vayamos a otro día. El último de la convención y fiesta final. Era evidente que había una atracción física importante entre nuestros protagonistas, así que esa noche después de la cena Luis, había planeado que debía intentar de nuevo tener la relación que no pudo la vez anterior. Por supuesto no bebió nada de alcohol, ya que según le era la causa de su fracaso. Esta vez fue el que invitó a Agatha a su habitación. En el intervalo que precedió a la subida a la habitación, Luis empezó a sentir sensaciones en su abdomen, estaba nervioso.

Ya en la habitación, Luis estaba tenso, no como la primera vez desde luego, pero mentalmente no conseguía dejar de pensar en lo que había sucedido y no conseguía quitarse de la mente la imagen de que no podía erectar. Comenzaron a besarse y a desnudarse esta vez más lentamente y mejor, pero a pesar de todo su mente no acababa de relajarse. Se mostraba inseguro y con miedo de que ella tocase su miembro. Sin embargo esta vez fue diferente, Agatha, adopto un rol más activo y lo supo relajar un poco. Ambos estaban muy excitados. Luis pudo penetrar, pero que pasó, enseguida notó una sensibilidad tremenda en el glande y bueno, eyaculó en tres segundos. Casi que no sintió placer, quiso disimular y continuó moviéndose, pero su pene había perdido toda su turgencia y volumen, saliéndose involuntariamente de la vagina. Agatha, lo miro con sorpresa y una cara que evidenciaba una gran frustración.

¿Qué ha pasado?, no era consciente de que su sistema nervioso simpático lo había vuelto a fastidiar, pero esta vez de forma diferente. El estrés previo al coito genero una activación elevada que genero una elevación de la sensibilidad de los receptores nerviosos del glande que desencadeno una eyaculación prematura.

Podemos concluir que la activación del sistema nervioso simpático es la clave para el mantenimiento de la erección. Los nervios y el estrés antes de una relación sexual pueden y de hecho lo hacen bloquear la respuesta sexual. Esto que relatamos a modo de historia le ocurre a una gran parte de hombres jóvenes, por lo que es importante que si ocurre, consulten con un especialista para descartar otras patologías.

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